La cuarta Semana de la Inteligencia Artificial de Asturias terminó el viernes en Oviedo, en la sala de un periódico. Cuatro jornadas, cuatro sedes, entrada libre y un cartel de ponentes decente. Hubo dos directores generales del Principado, la vicealcaldesa de Gijón, el presidente del Clúster TIC y una estrategia autonómica presentada como hoja de ruta hasta 2031.
Hubo de todo, en realidad, menos números.
No se ha publicado cuánta gente asistió. No se ha publicado cuánto costó organizarlo. No se ha publicado quién puso el dinero ni cuánto puso cada uno. Y la estrategia que se presentó como respuesta institucional, ENCINA 2026-2031, sigue sin presupuesto desglosado, sin calendario y sin un solo indicador público, seis semanas después de haberse presentado en la FIDMA.
Vaya por delante que esto no es un ajuste de cuentas con el Clúster TIC. Que una asociación empresarial asturiana sostenga cuatro ediciones de un congreso técnico gratuito es más de lo que tienen muchas comunidades autónomas, y conviene decirlo antes de decir lo demás. Lo que sigue es una crítica a la política pública, no al esfuerzo de quienes la debaten.
A quién se le habló
Empecemos por lo que a este blog le importa, que es el público.
Asturias tiene 64.608 empresas activas. De ellas, 35.385 no tienen ni un asalariado. Otras 26.488 tienen entre uno y nueve. Con doscientos trabajadores o más hay noventa y seis. Noventa y seis, en toda la región.
Ahora recuperemos lo que se pidió desde el atril en la jornada de ética y regulación, que fue esto. Inventario de los sistemas de IA que usa la organización, trazabilidad de los datos con los que fueron entrenados, evaluación previa de riesgos, cadena de responsabilidad documentada, vías de impugnación de las decisiones automatizadas, supervisión de proveedores externos y auditoría independiente de sesgos.
Todo eso está bien. Todo eso es, probablemente, lo que hay que hacer. Y todo eso presupone una empresa con departamento jurídico.
Para las 61.873 empresas asturianas de las dos primeras barras del gráfico, «evaluación de impacto previa al despliegue» no es una exigencia exigible. Es un idioma extranjero. No existe en ellas la persona que haría el inventario, ni el presupuesto que pagaría la auditoría, ni la hora libre en la que cabría redactar la política interna de uso de herramientas generativas.
Entre el Reglamento europeo de IA y una carpintería de Pravia debería haber un instrumento intermedio, una guía de dos páginas, una plantilla rellenable o un teléfono al que llamar. En cuatro días de programa, ese instrumento no se anunció.
El dato que debería haber abierto el congreso
Lo llamativo es que la brecha estaba medida, era pública y gratuita, y no se usó como punto de partida.
El INE lo publica cada año. Usa inteligencia artificial el 21,1% de las empresas españolas de diez o más empleados y el 13,4% de las de menos de diez. Asturias se queda en el 15,4%.
Tres cosas se leen ahí. La primera, que la adopción crece deprisa, pero crece más deprisa en las grandes, de modo que la brecha por tamaño no se está cerrando sola, se está ensanchando. La segunda, que Asturias no lidera nada; está donde le corresponde por estructura productiva, ni rezagada ni puntera. La tercera es la incómoda, y es que si el 13,4% de las microempresas españolas ya usa alguna herramienta de IA, casi nueve de cada diez no la usa.
Ese 86,6% es, numéricamente, toda la política pública pendiente. No hubo ninguna sesión dedicada a él.
Lo que no se ha publicado
Y aquí llegamos al asunto que ha motivado este artículo.
Sabemos el programa, las sedes y los ponentes. Sabemos que la participación era gratuita previa inscripción. Sabemos, porque lo anunciaron ellos mismos en sus propias webs, que ASAC fue patrocinador oro, Obelisk patrocinador plata y que Seresco y DXC figuraban entre los que ponían dinero o presencia. Sabemos que había apoyo institucional, con el Principado, el Ayuntamiento de Gijón a través de Gijón Impulsa y el Parque Científico y Tecnológico como sede de la inauguración.
Lo que no sabemos es cuánto. Ni cuántos.
No hay una cifra de asistentes en ninguna nota, ni de la organización ni de la prensa que lo cubrió. No hay un presupuesto del encuentro. No hay un desglose de qué aportó cada patrocinador. Y, sobre todo, no hay una declaración de si entró dinero público en la organización y, en caso afirmativo, de cuánto y por qué vía.
Conviene subrayar que nada de esto es obligatorio. Una asociación privada puede organizar lo que quiera con el dinero de sus socios y no rendir cuentas a nadie más que a ellos.
Pero cuando en el acto inaugural hay dos direcciones generales del Gobierno del Principado, la vicealcaldesa de una ciudad, una sociedad municipal de promoción económica y un parque tecnológico público haciendo de anfitrión, el encuentro deja de ser un asunto estrictamente privado. Y entonces la pregunta de cuánto puso cada cual deja de ser una impertinencia para convertirse en lo mínimo.
Es una pregunta fácil de responder, además. Basta con publicarlo.
El dinero que sí conocemos
Para calibrar la escala, sirve comparar lo anunciado con lo comprometido.
La Consejería de Presidencia consigna 95,29 millones de euros para transformación digital en 2026, de los cuales 42,7 son inversión directa en digitalización. En ninguna de esas partidas aparece identificado, con código propio, el gasto específico en inteligencia artificial.
El único proyecto de IA del Principado con importe, socios y objeto conocidos es un gemelo digital del territorio logístico-industrial, dotado con 1,2 millones de euros de fondos estatales sobre una inversión total de 2 millones, y participado por los ayuntamientos de Gijón, Oviedo y Avilés, la FADE, Femetal, las tres cámaras de comercio y EDP.
Es un buen proyecto. Y es, a la vez, la medida exacta del problema, porque en esa lista de socios no hay una sola microempresa. Es decir, no está el 95,77% del censo.
Mientras tanto, ENCINA 2026-2031 ha puesto cuatro nombres propios sobre la mesa, el supercomputador Apolo, el asistente CoVA para servicios sociales, el sello AsturIA Confiable y el plan de formación Plafor, y ninguno de los cuatro tiene todavía importe publicado, calendario publicado ni indicador publicado. Cuatro iniciativas, doce casillas, doce noes.
La foto de fondo
Hay dos datos que ninguna estrategia de comunicación puede maquillar, y que explican por qué este blog insiste tanto.
El primero es este. Asturias dedicó a I+D el 1,03% de su PIB en 2024, undécima de diecinueve, medio punto por debajo de la media española y menos de la mitad que Navarra o el País Vasco. El sector TIC asturiano, que es el que sostiene todo el relato, emplea a 9.417 personas, alrededor del 2,2% del empleo regional. Es un sector real, en máximos históricos y creciendo. Y es pequeño.
El segundo dato es demográfico. La edad media en Asturias es de 51,4 años. El índice de envejecimiento es de 2,91, casi tres personas mayores por cada menor de quince, frente al 1,61 del conjunto de España. Somos la tercera región más envejecida de la Unión Europea. La población creció en 2026 por primera vez en más de una década, y creció exclusivamente por la llegada de personas nacidas fuera.
Una de las cuatro jornadas se dedicó al impacto de la IA en el empleo y el talento junior. Era la sesión más pertinente de las cuatro, y también la que peor encaja con el territorio, porque la IA generativa automatiza antes que nada las tareas de entrada, documentar, transcribir, revisar, redactar el primer borrador, que son exactamente las que hoy permiten a un chaval de Gijón empezar a trabajar en Gijón en lugar de en Madrid.
El director general de Innovación lo dijo con una frase que merecía quedarse, y es que el verdadero desafío no está en la máquina, sino en quién queda fuera de ella. La frase es buena. Detrás de ella no había una cifra.
Lo que pedimos
No pedimos que se deje de hacer la Semana de la IA. Pedimos lo contrario, que se haga una quinta edición y que se haga mejor. Con tres cosas que no cuestan dinero.
Una. Que se publique lo elemental de la edición que acaba de terminar, esto es, asistentes por jornada, coste de organización, aportación de cada patrocinador y aportación pública si la hubo. Una página. Un PDF.
Dos. Que ENCINA salga del terreno de los principios, con presupuesto por eje y por anualidad, fecha de licitación de Apolo, criterios del sello AsturIA y horas comprometidas de formación. Sin eso, una estrategia a seis años es un folleto con buena tipografía.
Tres. Que la próxima edición reserve una jornada entera, no una mesa, una jornada, a la empresa de menos de diez trabajadores. Qué herramienta, a qué precio, con qué riesgo y qué hacer el lunes por la mañana.
Porque esa es la pregunta que nadie formuló en cuatro días, qué hace con la inteligencia artificial una carpintería de Pravia o una peluquería de La Calzada. Y mientras no se formule, seguiremos teniendo congresos excelentes sobre gobernanza algorítmica en una región donde el 55% de las empresas son una persona sola con un móvil.
Ya vimos cómo acabó la última gran promesa digital para los autónomos asturianos. Si alguien no recuerda aquello, lo contamos aquí. No estaría de más que la memoria durase algo más de tres años.
Hemos desarrollado este análisis con datos, fuentes y una batería de indicadores de seguimiento en un informe dirigido a la Junta General del Principado. Si detectas un error o quieres ejercer tu derecho de réplica, escríbenos y lo corregimos haciéndolo constar.