Gijón presenta para 2027 las cuentas más abultadas de su historia. Pero el crecimiento depende de un impuesto puntual y de dinero ajeno, la inversión cae un 21 % y la deuda, la del banco y la que se debe a los vecinos, sigue sin cerrarse.

Gijón. El Gobierno local de Foro y PP ha vuelto a usar el adjetivo de cada otoño. El proyecto de presupuesto para 2027, aprobado el martes en Junta de Gobierno, asciende a 325,5 millones de euros, un 5,01 % más que este año. Es «el mayor de la historia» y llega «sin subir impuestos». Las dos afirmaciones son ciertas. Ninguna de las dos explica de dónde sale el dinero.

Y ahí está la señal de alerta. Según la propia concejalía de Hacienda, el aumento de ingresos se apoya en el Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO), que sube 5,1 millones. El Ayuntamiento atribuye ese salto a dos nuevos centros hospitalarios. La oposición lo ha cuantificado. La previsión pasa de 7,5 a 12,6 millones, un 68 % más en un solo año.

Un impuesto que se cobra una vez

El ICIO no es un ingreso como el IBI. Se paga cuando empieza una obra y desaparece cuando la obra acaba. Para recaudar 5,1 millones más al tipo máximo legal del 4 %, en 2027 tendrían que arrancar en Gijón construcciones nuevas por unos 127 millones de euros de presupuesto de ejecución material. Si una licitación se retrasa, si una licencia se atasca o si se aplica alguna bonificación, ese dinero no llegará en 2027.

El problema no es solo cuándo llega, sino en qué se gasta. Las aportaciones a empresas y organismos municipales como EMULSA, EMTUSA, Divertia o el Patronato Deportivo suben un 7,26 %, hasta 114,2 millones. Es gasto que se repite cada año. Mientras tanto, la inversión directa cae de 34,6 a 27,3 millones, un recorte del 21 %. Un ingreso extraordinario paga gasto que se queda. Cuando las obras hospitalarias terminen, el agujero seguirá ahí.

El resto del crecimiento tampoco depende de Gijón. El PSOE calcula que 14,9 de los 15,5 millones de aumento proceden de transferencias del Estado y del Principado. Esas cantidades quedan a merced de unos Presupuestos Generales del Estado que todavía no existen y de convenios autonómicos que no siempre se cumplen a tiempo. En la práctica, casi todo el crecimiento de las cuentas municipales depende de decisiones que no se toman en el Ayuntamiento.

La deuda que se presume y la que no se cuenta

Hacienda presume de haber rebajado la deuda en más de 16 millones en un año. Los documentos oficiales matizan ese logro. El presupuesto de 2026 previó pedir 25 millones en préstamos y devolver 16,3. Sobre el papel, el endeudamiento crecía en 8,7 millones. Las cuentas de este año arrancaron además con un déficit no financiero de 10,7 millones y un ahorro neto de apenas 5,9 millones, el margen que le queda a una ciudad de 270.000 habitantes después de pagar su funcionamiento ordinario y sus préstamos.

La rebaja de la deuda no ha salido de una gestión más eficiente. Ha salido de recursos que no se repiten. El Gobierno local propone detraer 4,5 millones de las reservas de la Empresa Municipal de Aguas y de EMULSA para amortizar préstamos. Es la misma EMULSA a la que el presupuesto de 2027 aumenta la aportación. El dinero sale de la empresa por una puerta para pagar deuda y vuelve a entrar por otra con cargo al presupuesto.

Hay además una deuda que no figura en ningún cuadro bancario. El mismo miércoles en que se conocían las cuentas, el Pleno aprobó usar 8,2 millones de superávit de 2024 y 2025 para pagar obligaciones atrasadas con el Patronato Deportivo, la Asociación Gijonesa de Caridad o el realojo de los usuarios del Albergue Covadonga. Y las comunidades de propietarios que rehabilitaron sus fachadas esperan, según la oposición, unos 11 millones en ayudas comprometidas. El presupuesto les reserva 2 millones para 2027, que sumados a los de 2026 dan 4. Esa deuda con los vecinos también es deuda.

Tres cifras para una misma inversión

La inversión es el terreno más resbaladizo del discurso municipal. Para 2026 se han dado al menos tres cifras. Son 34,6 millones en el presupuesto aprobado, «casi 63» cuando se presentó y 74 en la presentación de esta semana. Cada una mide algo distinto. Ninguna permite saber cuánto se ejecuta realmente. Sí hay un dato revelador. La partida de 3,8 millones del Plan de Vías para 2027 incluye, según reconoce el propio Ayuntamiento, dinero que no se gastó en 2026 por el retraso de Adif. Del balance de inversiones del mandato, 271 expedientes, solo 163 están terminados.

Último presupuesto antes de las urnas

Estas son las últimas cuentas del mandato. Se votarán en el Pleno del 10 de noviembre y se ejecutarán con las elecciones municipales de mayo en el horizonte. Es el contexto en que más tienta firmar compromisos plurianuales que pagará la próxima corporación. Y en que menos se ejecuta, porque media legislatura se va en campaña.

El año pasado, de 134 enmiendas presentadas por la oposición, el Pleno solo admitió a trámite una. Si se repite el procedimiento, el debate sobre unas cuentas que dependen de obras que aún no existen volverá a quedar limitado a la votación.

Gijón tendrá en 2027 el presupuesto más grande de su historia. La pregunta que el Gobierno local no ha respondido es qué pasará en 2028, cuando las grúas de los hospitales se retiren y el gasto que hoy se compromete siga ahí.